domingo, 29 de julio de 2012

Capítulo 1: Algo inseperado

Genial. Llegaba tarde, otra vez. Mi último día de instituto y volvía a llegar tarde. Bueno, si aceleraba el paso a la parada del autobús podía conseguir llegar a tiempo.
Cogí la mochila, y saqué el Ipod. Me deslicé los auriculares debajo de el pelo para posarlos en mis orejas. Pensé que lo mejor sería una canción que me motivara, así que elegí Up All Night,
de mis siempre adorados ídolos, One Direction.
Me precipité a la puerta de casa y la cerré tras un portazo sonoro. Si bien nadie lo oíria, pues mi madre ya se había marchado al trabajo.
Empezé a correr hacía la parada del autobús, y al llegar, saqué el móbil para comprobar la hora. Oh no. Según el móbil, era Domingo. Me había adelantado un día. ''Soy gilipollas'', pensé.
Así que dí la vuelta para volver a casa, no sin antes consultar que efectivamente, fuese Domingo a una señora que paseaba tranquilamente por la calle.
-Sí, hoy es Domingo.-verificó. después se marchó mirandóme cómo si pensara ''ésta juventud de hoy en día''.
Ya en la puerta de casa, me dispuse a sacar las llaves de la mochila.  No estaban. Seguí buscando por los sitios más  reconditos de la mochila, pero seguían sin aparecer. Abrí la rejilla dispuesta en la puerta para el correo, y confirmé mis pensamientos; me las había dejado puestas. ''Menuda mañanita''-pensé.
Tendría que quedarme esperando a mi madre en la puerta de casa hasta que llegara. Pero... Si era domingo, no  llegaría hasta vete a saber cuando, porque tenía una cena de trabajo. ''Lo mío ya es guasa'' ''Dónde demonios está la cámara oculta''-pensé
Fuí hasta la parte trasera del patio de la casa. Había un muro. Si pudiera saltarlo, lograría entrar en casa...
Intenté escalar el muro hacia arriba, y justo cuando estaba en la cima, una voz me sobresaltó:
-¡Eh! ¿Que estás haciendo?-dijo alguien pronunciando un perfecto inglés.
Me dí tal susto que aterricé en mi puesto inicial. ''Con lo que me había costado''-pensé.
-¿Estás bien?.-dijo corriendo hacia mi posición.
-Sí.-me limité a contestar. Entonces me volví. ''Debe ser una broma''-pensé. Oh, díos mío. Era él.
-¿Hablas inglés?.-preguntó.
''Oh, que mono''.
Me limité a asentr mientras me frotaba la cabeza en busca de restos de sangre que no encontré.
-¿Porqué te intentabas colar en esa casa?-preguntó, ya más calmado.
Entonces le conté toda mi historia. El estalló en carcajadas.
-¡No tiene gracias!.-protesté
-Vamos, ¿cómo se te ocurre levantarte para ir a clase un Domingo?
Sonreí, débilmente.
-Por cierto, soy Harry.-dijo él.
- Sí lo sé. Perdón, digo, soy Paula-contesté.
-Tienes acento británico. ¿Eres de aquí?.-preguntó él.
-No. Bueno, sí.  Verás mi padre es de un pueblo de las afueras de Londres, y mi  madre española. Se casaron, nací y hace unos años... se divorciaron. Me criaron en de manera bilingue y yo
suelo pasar el verano en Londres, lugar dónde se a trasladado  mi padre, para también perfecionar lo que
és el inglés.
-Vaya.-dijo él, con una sonrisa que me mató.-Entonces, bueno ¿sabes quién soy?.
-Un poco bastante. Soy Directioner.
-Me resulta extraño. Eres, no sé, no te has puesto a llorar ni te has desmayado. -dijo irónico.
Reí.
-Se que no es mi asunto, pero ¿que haces aquí?-pregunté curiosa.
-Hahaha.-rió él.-Estamos pasando aquí el verano.
No le encontraba la gracia a la pregunta pero no quería parecer borde así que sonreí. ''Estamos''. Eso quiere decir...
-Estamos en la casa de enfrente, todos.-dijo, adivinando mis pensamientos. Sonreí.
-Sé que no és muy buena idea, pero ¿necesitas ayuda para ''colarte'' en tu propia casa?.-dijo marcando el ''colarte''.
-Claro.-dije, sonriendo.
¿Que demonios me pasaba? Estaba sonriendo todo el rato. ''Le estaré pareciendo una estúpida''-pensé.
-Espera.-reflexioné.- Tendrás cosas que hacer, no quiero causarte problemas.
-Oh, no tranquila, lo cierto es que estaba dando una vuelta. No sabes lo cargantes que puden ser a veces.-dijo, a modo de aclaración.
''Si insistes''.-pensé.
Entonces me dispuse a empezar a escalar el muro:
-No, deja que te ayude.-dijo él.- Pon los pies en mis manos.
Puso sus manos una sobre la otra, en su rodilla flexionada.
-No, de verdad, puedo sola.-dije, intentando parecer fuerte, cosa que no era, ymenos para subir muros.
-Házlo. No quiero que vuelvas a hacerte daño.-dijo, poniéndose más serio.
No quiería enfadarle, así que accedí.
Minutos después, los dos estabamos en el jardín de casa.
-Todas las casa de esta urbanización son idénticas.-dije, mientras observaba cómo él miraba  el jardín.
-Oh, no- se excusó.- Me gusta tu casa.Sonreímos a la vez. Sólo que nos miramos a los ojos, fijamente. me perdí en aquellas perlas. El tenía la mirada fija en mis ojos. Me sentí cohibida y aparté la mirada, dirigiendola al suelo. Ví cómo sonreía. ''Genial, ahora si que me siento estúpida.''-pensé.
Narra Harry:
Era preciosa. Esa chica era diferente, especial. Me trataaba cómo una persona normal. Era adorable. Su sonrisa, sus ojos... Era un poco más baja que yo. Tenía los ojos marrón verdoso, con algunas salpicaduras en una espécie de dorado, algo muy especial. Llevaba su pelo castaño, ondulado, suelto con un tupé recogido con unas horquillas azules. Llevaba una chaqueta de ésas típicas del béisbol  en un tonoverde oscuro ''En plan Zayn''-pensé, una camiseta blanca y una falda corta vaquera, que dejaba ver sus delicadas piernas, las observé, largas, y... ''Contrólate, Harry''-pensé. Podría darse cuenta.
-¿Te apetece entrar?.-preguntó con un cierto tono de vergüenza.
-¡Claro!.-contesté. Venga hombre, pensaría que estoy desesperado.
Fuimos hasta la puerta de casa, y en cuanto la abíó, se la sujeté y dejé que pasara primero. Sonrió. Díos me derretía esa sonría. Transmitía dulzura, serenidad...
Al entrar observé la casa; la decoración era moderna aunque sencilla.
-Mi madre es diseñadora de interiores.- dijo ella.
-Pues lo hace genial-dije, sonriéndo.
Ella respondió con otra sonrisa. ''Esto no es normal. ¿Desde cuando me sonrié alguien y me pongo así?''
-¿Quieres ver el resto de la casa?.-preguntó
-Claro,-respondí.
Vagamos por el resto de habiitaciones y estancias, cuando me dí cuenta de que faltaba su habitación.
-¿Y tu habitación?-pregunté.
Sonrió.
-Es la de la buhardilla..
Subimos hasta la buhardillas. En la puerta, había un cartel que rezaba: Aquí duerme una Directioner. Sonreí. Que tierna. Sujeté la puerta, arrancándole otra sonrisa. El interior de la habitación me dejo claro lo fan que era: habían pósters, estanterías con todo tipo de objetos nuestros e incluso nuestros muñecos, que creía que aún no se comercializaban en España.
-Los compré la última vez que estuve en Londres.-explicó- No pude resistirme.
Reí.

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